Por: Claudia Contreras - Estrategia & Negocios
Durante años, muchas empresas asociaron la inversión social con acciones puntuales de apoyo comunitario o programas de responsabilidad empresarial.
Sin embargo, la evolución de los criterios ASG (Ambientales, Sociales y de Gobernanza) está impulsando una visión más estratégica: la dimensión social se está convirtiendo en un factor clave para la competitividad y la sostenibilidad de los negocios.
La pregunta ya no es únicamente cuánto invierte una organización en iniciativas sociales, sino qué impacto generan esas acciones en su capacidad para operar, crecer y construir relaciones de confianza con sus grupos de interés.
Para Luis Mastroeni, experto en sostenibilidad corporativa, el punto de partida debe ser entender la calidad de las relaciones que una empresa mantiene con su entorno.
"¿Cómo andan mis relaciones comunitarias? ¿Qué tipo de relacionamiento tengo con el lugar donde opero? ¿Me conocen? ¿Les beneficio? ¿Les perjudico?", plantea. A partir de esas respuestas, sostiene, es posible construir indicadores que permitan gestionar y medir el impacto social con el mismo rigor con que se gestionan las áreas comerciales o financieras.
De la buena intención a los indicadores
Uno de los principales desafíos para las organizaciones es pasar de acciones aisladas a estrategias medibles.
Mastroeni advierte que muchas iniciativas comunitarias generan valor, pero suelen ejecutarse sin métricas claras que permitan evaluar su efectividad o su retorno.
La sostenibilidad, explica, debe gestionarse con la misma disciplina que cualquier otra área crítica del negocio. Así como ventas, operaciones o logística trabajan con metas e indicadores, las inversiones sociales también deben estar vinculadas a objetivos concretos y resultados verificables.
Este enfoque responde a una tendencia creciente entre inversionistas, clientes y grupos de interés, que cada vez exigen mayor evidencia sobre los impactos reales de las estrategias ASG.
El valor de ser un buen relacionamiento sistémico
La dimensión social también incluye aspectos fundamentales para la operación diaria de una empresa: clima organizacional, cultura corporativa, bienestar de los colaboradores y cumplimiento normativo.
Construir relaciones positivas con las comunidades donde se opera puede convertirse en un activo estratégico, especialmente en sectores donde la licencia social para operar resulta determinante.
La II Encuesta sobre prácticas ESG en Centroamérica y República Dominicana, elaborada por PwC, muestra que un 53% de las empresas de la región cuenta con programas sociales activos y consolidados, reflejando un compromiso sostenido con las comunidades donde desarrollan sus actividades.
Algunas compañías ya están integrando esta visión dentro de su modelo de negocio. Walmart Centroamérica, por ejemplo, impulsa programas como Una Mano para Crecer y Tierra Fértil, que fortalecen cadenas de suministro locales mediante el trabajo con más de 480 pymes manufactureras y 644 productores agrícolas. Cada año, la compañía realiza compras superiores a los US$240 millones a estos proveedores.
Según Marco Murillo, gerente de Sostenibilidad de Walmart Centroamérica, este trabajo se complementa con el uso de materias primas certificadas y análisis de ciclo de vida, fortaleciendo el impacto positivo a lo largo de toda la cadena de valor.
Una oportunidad para generar impacto y proteger el futuro
Más allá de la reputación, las estrategias sociales pueden contribuir a resolver desafíos estructurales de los países donde operan las empresas.
Mastroeni invita a las organizaciones a identificar aquellos problemas donde poseen experiencia, conocimiento o capacidad de influencia. Una empresa de alimentos, por ejemplo, podría contribuir activamente a iniciativas relacionadas con nutrición o seguridad alimentaria, generando impactos alineados con su actividad principal.
Desde esta perspectiva, la inversión social deja de verse como un gasto complementario y pasa a convertirse en una herramienta para fortalecer mercados, mejorar condiciones de desarrollo y asegurar la sostenibilidad de los propios negocios.
La lógica es simple: las empresas prosperan en sociedades que prosperan.
"¿Quién me va a comprar si se deteriora la sociedad, si el costo de vida sigue aumentando o si seguimos destruyendo valor social?", reflexiona el experto.
Para los líderes empresariales de la región, la sostenibilidad social representa hoy una oportunidad para construir confianza, fortalecer la resiliencia de sus operaciones y generar ventajas competitivas que trascienden el corto plazo.
Este análisis forma parte de la edición especial Gigantes de la Sostenibilidad de Estrategia & Negocios, donde exploramos cómo las empresas que lideran la transformación sostenible de Centroamérica están redefiniendo la manera de crear valor, competir y crecer en el largo plazo.
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