Por: Claudia Contreras - Revista Estrategia & Negocios
Mientras inversionistas, reguladores y compradores internacionales elevan sus exigencias ambientales y sociales, empresas de sectores como alimentos, bebidas, manufactura y agroindustria avanzan en eficiencia hídrica, energías renovables, economía circular y reducción de emisiones.
Sin embargo, expertos advierten que persisten brechas en gobernanza, biodiversidad y gestión social, al tiempo que fenómenos como El Niño obligan a incorporar el riesgo climático en las decisiones financieras, operativas y de inversión de largo plazo.
¿Cuánto avanza en Centroamérica la adopción de prácticas socioambientales por gobiernos y empresas?
De manera heterogénea, evalúa Raymi Beltran, gerente del área Ambiental, Social y de Gobernanza (ASG) de la Corporación Financiera Internacional para Centroamérica, Caribe, Colombia y México.
“Existe una base razonable de regulaciones en materia de gestión ambiental, pero persisten brechas importantes en aspectos críticos de la gestión de proyectos de inversión como la protección de la biodiversidad y la gestión de riesgos sociales—incluyendo adquisición de tierras y desplazamiento y consulta transparente y efectiva con comunidades, particularmente pueblos indígenas"; afirma Beltran.
Con todo, concede, “la aplicación de marcos regulatorios socioambientales y la creciente presión de inversionistas y mercados internacionales, aceleran la adopción de mejores prácticas socioambientales”.
¿Y cómo agregar valor desde lo sostenible al negocio? Responde Maythé Cornejo de Rivas, Gerente de Medio Ambiente en FUNDEMAS. “Si dependes del agua, ¿cómo restaurar el recurso hídrico? Lo importante es que sepamos cuál es esa conexión de dependencia de mi negocio con la naturaleza”.
En síntesis: ¿porqué los temas de la agenda ambiental deben estar en la mente de los CEO´s y en los directorios? Aquí las respuestas:
1- El riesgo climático ya impacta las decisiones de inversión. Fondos, bancos e inversionistas incorporan variables como sequías, inundaciones, disponibilidad de agua y vulnerabilidad de cadenas de suministro al evaluar proyectos y asignar capital.
“El frío y el calor, la lluvia y la sequía se convirtieron en parte del análisis (de inversores) para decidir dónde se debe poner el dinero. Es lógico, ¿Cómo poner mi dinero en inversiones que no me aseguren que están haciendo todo lo posible para que el cambio climático no las alcance o al menos no las perjudique de manera importante?”, reflexiona Luis Mastroeni, Consultor en Sostenibilidad, Reputación y Comunicación.
¿Cómo actuar? Mastroeni propone: “En el sector agropecuario, las empresas deberían contar con análisis meteorológicos para entender si el lugar donde producen tendrá las mismas características en unos años. En el mundo de las importaciones, tener claros los panoramas climáticos desde los puertos donde traen los productos. Se trata de gestionar el negocio para reducir al máximo el riesgo de operación por factores climático o falta de recursos naturales”.
2- La sostenibilidad debe generar retorno financiero. Los expertos coinciden en que las iniciativas ambientales deben traducirse en eficiencia, reducción de costos, resiliencia operativa y creación de valor.
La filantropía, por sí sola, ya no es suficiente. Mastroeni detalló que si una empresa quiere realizar una acción filantrópica está bien, pero debe estar integrada a una estrategia de sostenibilidad. "Si las empresas empiezan a hablar de sembrar árboles, limpiar playas, recoger basura en ríos, ayudar a poblaciones vulnerables... son acciones que deben existir dentro de una estrategia de sosteniblidad", indicó el consultor. Y enfatizó: "Deben visualizar ¿en cuánto tiempo regresará esta inversión y cuánto voy a ganar?".
Mastroeni recomendó establecer métricas integradas a cada acción sostenible; así como se tratan los KPIs de venta de una empresa.
3. Agua, energía y residuos son las nuevas fuentes de competitividad. Empresas líderes de la región, entre ellas empresas de bebidas y de alimentos, dependientes de la energía y el agua, generan eficiencias y están obteniendo ventajas mediante el uso eficiente de recursos, reciclaje, energías renovables y modelos de economía circular que fortalecen su rentabilidad.
En Guatemala, Castillo Hermanos invirtió en ampliar su planta de reciclaje capaz de reciclar 3.2 millones de envases PET diarios. Su gestión forestal posibilitó la remoción anual de más de 69.000 toneladas métricas de CO2. El 62% de su matriz energética proviene de fuentes renovables.
En 2025, HEINEKEN Costa Rica logró una reducción del 10,03% del consumo absoluto de agua en su operación. Su nueva planta cervecera combina tecnología para optimizar el uso de energía, agua y residuos en tiempo real.
En El Salvador, La Constancia logró una reducción de más 56% en emisiones por hectolitro, usan 100% energía renovable, y 99,99% de sus residuos funcionan bajo el enfoque Zero Waste. Invirtió en el proyecto ISKALI, en el volcán de San Salvador, para la conservación hídrica de la zona en alianza con diversas empresas del país.
También en El Salvador, la planta Sitio del Niño, de Kimberly-Clark, ha logrado una reducción del 90% en la generación de residuos durante los últimos 10 años y del 75% en su huella hídrica, así como una disminución de emisiones de CO2 de 24% desde 2015. La compañía utiliza la merma de producción en más del 60% de sus productos, y el 85% de los artículos con empaques plásticos contienen 30% de material reciclado, siendo más amigables con el ambiente.
4. Los mercados internacionales elevan los estándares. Exportadores centroamericanos enfrentan crecientes exigencias relacionadas con trazabilidad, cero deforestación, biodiversidad y cumplimiento ASG, especialmente en sectores como café, alimentos y manufactura.
Ello ha llevado a algunas empresas a agregar roles de Experto Ambiental para optimizar el negocio analizando riesgos, asegurando la calidad, preservando la seguridad ocupacional.
Sin lugar a dudas, la sostenibilidad en Centroamérica ya es una función central de toda estrategia de negocios. Superó largamente la cultura de la filantropía y de la RSE, sin excluirlas. Pero hoy, está claro que "ser sustentable, paga".
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