Por revistaeyn.com
Centroamérica atraviesa un momento decisivo en la forma en que asegura su suministro eléctrico. Guatemala, Panamá y Honduras coincidieron en el tiempo con procesos de contratación de gran magnitud que, en conjunto, superan los 3.000 megavatios y marcan un giro hacia esquemas más ordenados, competitivos y previsibles para el sector energético regional.
Más allá de las cifras, lo que distingue esta etapa es la sincronía de las licitaciones y la claridad de sus calendarios. Guatemala abrió el camino con el Programa de Expansión de Generación 4 (PEG-4), un proceso que evidenció el apetito del mercado: se recibieron propuestas por más de 1.000 MW para cubrir una necesidad de apenas 235 MW.
Ese resultado fortaleció la confianza del sector privado y allanó el terreno para la siguiente convocatoria, el PEG-5, que prevé adjudicar hasta 1.400 MW mediante contratos a 15 años. La decisión final está programada para finales de enero de 2026, lo que ya concentra la atención de desarrolladores e inversionistas.
Honduras, por su parte, se alista para lanzar la licitación más ambiciosa de su historia, con rondas sucesivas que suman 1.500 MW. Se trata de un proceso largamente esperado, impulsado por la necesidad de corregir desequilibrios estructurales del sistema eléctrico. A diferencia de etapas anteriores, la iniciativa cuenta con un respaldo amplio de actores públicos y privados, lo que reduce la incertidumbre y eleva las probabilidades de ejecución sin contratiempos.
En paralelo, Panamá avanzó con contratos de suministro a 20 años, orientados a garantizar estabilidad en el largo plazo. El país también trabaja en un cronograma de nuevas convocatorias que se extenderá hasta 2029 y que introduce novedades relevantes, como la incorporación del almacenamiento energético como tecnología habilitada para competir.
CAMBIOS DEL MERCADO
Detrás de esta oleada de procesos aparece un cambio de fondo en el diseño de los mercados eléctricos. Las licitaciones abiertas y competitivas están desplazando mecanismos discrecionales que, durante años, incrementaron el riesgo regulatorio y encarecieron el abastecimiento.
La experiencia guatemalteca, con más de una década y media de subastas por rondas sucesivas, demuestra que la continuidad en las reglas fortalece la competencia y genera confianza entre compradores y oferentes.
Ese aprendizaje comienza a replicarse en la región. Panamá ha tomado elementos del modelo, aunque todavía combina distintos formatos de adjudicación, mientras que Honduras apuesta de lleno por esquemas que priorizan transparencia y eficiencia. El consenso en torno a estos mecanismos reduce el margen para retrocesos y eleva el costo político y técnico de eventuales postergaciones.
El impacto de esta transformación no se limita a Centroamérica. Otros mercados, como Argentina, observan con atención estos procesos, especialmente en un contexto de reformas que trasladan a las distribuidoras la responsabilidad de contratar energía y potencia. La región centroamericana se convierte así en un laboratorio práctico de políticas energéticas que buscan atraer inversión, ordenar el mercado y reducir costos.
Con información de Energía Estratégica