Por revistaeyn.com
En muchas ocasiones, los momentos más brillantes nacen lejos del escritorio: bajo el agua caliente de la ducha, durante una caminata o mientras se realiza alguna actividad cotidiana que deja a la mente divagar. Sin embargo, raras veces esas chispas creativas aparecen en el lugar donde se supone que más las necesitamos: el trabajo.
Esa paradoja la conoce bien Duncan Wardle, quien durante años lideró el área de innovación y creatividad de The Walt Disney Company. Hoy, desde su firma consultora ID8, recorre distintos foros empresariales para enseñar cómo despertar la imaginación en entornos laborales cada vez más saturados de correos, informes y reuniones.
En su paso reciente por el World Business Forum de WOBI, en Nueva York, compartió una idea sencilla: incorporar “energizadores” de 60 segundos al inicio de las reuniones o espacios de colaboración.
Wardle define estos ejercicios como pequeñas dinámicas creadas con un propósito muy básico: provocar risa. Y no es casual. Según explica, el humor abre una especie de compuerta mental que conecta el pensamiento consciente con el subconsciente, un estado similar al que experimentamos al ducharnos, cuando las mejores ocurrencias suelen aparecer sin esfuerzo. “En cuanto escucho risas, sé que se abrió el espacio donde nacen las buenas ideas”, afirma.
El exejecutivo describe estos energizadores como un breve “reinicio cerebral”, una interrupción deliberada de la rutina que empuja a las personas fuera del piloto automático. El objetivo es claro: recordar a los adultos que, aunque muchas veces lo olvidan, todos poseen capacidad creativa.
“Cuando uno pregunta quiénes son los más creativos, casi siempre mencionan a los niños. ¿Y qué hacen los niños que nosotros dejamos de hacer? Juegan”, señala Wardle.
Los ejercicios pueden ser tan simples como un rápido juego de piedra, papel o tijera. Pero cuanto más absurdos, mejor funcionan. Wardle propone, por ejemplo, que un participante finja ser “el mayor experto mundial en diseño de paracaídas para elefantes” mientras sus compañeros lo entrevistan como si fuera una celebridad. Luego, otro podría asumir el rol de vendedor de papel tapiz invisible, y así sucesivamente.
Otra opción es recurrir a dinámicas inspiradas en la improvisación teatral, como la actividad “Érase una vez”, donde cada persona agrega una frase para construir colectivamente una historia que no existía un minuto antes.
Estos ejercicios no buscan infantilizar el trabajo, sino preparar al cerebro para afrontar con mayor apertura los retos creativos del día. Wardle lo resume de forma concisa: “No espero que la gente esté jugando todo el tiempo, pero sí espero que juegue cuando necesita generar ideas nuevas”.
Con información de CNCB