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Cómo entrenar su cerebro para hacer tareas difíciles y que realmente le guste

La planificación consciente o diseñar con anticipación los pasos concretos para cumplir una tarea difícil reduce de forma drástica la probabilidad de rendirse cuando llega el momento incómodo.

2026-01-13

Por revistaeyn.com

La promesa de la tecnología ha sido, durante años, hacer la vida más sencilla. Hoy basta un clic para resolver una duda, una aplicación para conocer gente nueva o un comando de voz para encender una luz del hogar.

Sin embargo, esa comodidad permanente tiene un efecto secundario poco visible: ha reducido la tolerancia al esfuerzo mental y físico. Así lo advierte la psiquiatra de la Universidad de Stanford Anna Lembke.

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Lembke planteó que muchas personas han desarrollado una aversión creciente a todo aquello que exige constancia: desde ir al gimnasio hasta aprender una habilidad desde cero. Actividades que antes podían resultar estimulantes ahora se perciben como una carga. La buena noticia, según la especialista, es que el cerebro no es estático: puede entrenarse para enfrentar —e incluso disfrutar— los retos.

El punto de partida, dice Lembke, está en la planificación consciente. No se trata solo de tener una meta vaga, sino de diseñar con anticipación los pasos concretos para cumplirla. Decidir la noche anterior a qué hora levantarse, qué ropa usar o qué materiales preparar reduce de forma drástica la probabilidad de rendirse cuando llega el momento incómodo. “Si dejamos la decisión para el instante en que aparece la dificultad, casi siempre optamos por no hacer nada”, sostiene.

Esta lógica no es nueva. Muchas personas ya la aplican sin notarlo cuando organizan el menú semanal o dejan lista la ropa de trabajo para evitar retrasos. Anticiparse, explica Lembke, ayuda a frenar los impulsos inmediatos y a priorizar objetivos de largo plazo, algo esencial en una era dominada por recompensas rápidas.

Contar con un aliado

Otro factor clave es la compañía. Contar con un aliado —o un grupo— incrementa de forma notable las probabilidades de éxito. Estudios académicos muestran que los cambios positivos tienden a replicarse dentro de parejas o círculos cercanos.

Si un miembro adopta un hábito más saludable, el otro suele seguir el mismo camino. Asociar metas personales con espacios sociales, como una clase grupal o un club de estudio, hace que el esfuerzo resulte más llevadero.

El psicólogo financiero Charles Chaffin coincide en este enfoque colaborativo. Pone como ejemplo iniciativas colectivas como el “enero sin alcohol”, donde el apoyo mutuo, la vigilancia compartida y el ánimo constante marcan la diferencia entre abandonar y perseverar.

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Lembke advierte, no obstante, que el proceso inicial rara vez es placentero. Utiliza la imagen de una balanza: de un lado, el placer inmediato; del otro, la incomodidad. Apostar por el esfuerzo implica inclinar la balanza hacia el malestar momentáneo, pero esa elección, sostenida en el tiempo, genera recompensas más duraderas.

Y si hay tropiezos, la recomendación es clara: menos culpa y más compasión. No cumplir un objetivo al pie de la letra no invalida los avances. A veces, apunta Lembke, la moderación y la paciencia son estrategias más efectivas que la autoexigencia extrema. Porque entrenar el cerebro también implica aprender a tratarnos con equilibrio.

Con información de CNBC

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