Por: Revistaeyn.com
La historia de Grupo Rolsa comenzó con una petición puntual. Un cliente le preguntó a Rodolfo Edmundo Roulet Noriega si podía aplicar un producto químico que él mismo le había vendido.
La respuesta abrió una oportunidad empresarial en un mercado que, a comienzos de la década de 1980, todavía tenía poco desarrollo: la contratación de servicios especializados de limpieza mas tarde conocido como outsourcing de limpieza.
El negocio empezó con un colaborador, pero durante el primer mes ya empleaba a 20 personas. Al finalizar el primer año había alcanzado las 100 plazas.
Aquella operación se convirtió en Canam, la empresa sobre la cual se construiría un grupo que actualmente opera en Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.
A 45 años de su fundación, Grupo Rolsa reporta más de 5.000 colaboradores y cuatro unidades de negocio: Canam, Higienik, Adesa y Óptima. Cada una atiende necesidades distintas, desde la tercerización de personal , productos y servicios higiene industrial, hasta la administración de propiedades y las limpiezas técnicas.
La apuesta, sin embargo, no consiste simplemente en acumular servicios. La fórmula del grupo busca conectar esas capacidades para que un cliente pueda delegar diferentes funciones operativas a un solo proveedor regional.
Ese modelo plantea una pregunta decisiva para cualquier compañía de servicios intensiva en personas: ¿cómo crecer en distintos países sin perder el control, la calidad y la consistencia de la operación?
Una puerta de entrada para cada mercado
Grupo Rolsa siguió un patrón definido para expandirse por Centroamérica. Canam, su negocio original, funciona como puerta de entrada. Una vez consolidada la operación, la compañía incorpora progresivamente las demás líneas, según las necesidades de cada mercado y de sus clientes.
Después de desarrollar su base en Guatemala, el grupo llegó a El Salvador en 2006. La expansión ocurrió para acompañar a un cliente que necesitaba recibir el mismo nivel de servicio en otro país. Honduras y Nicaragua se sumaron en 2015 y Costa Rica, en 2016.
El recorrido revela una estrategia de internacionalización común entre empresas B2B: crecer siguiendo la huella geográfica de los clientes. En lugar de desembarcar con toda su oferta, Rolsa inicia con una operación conocida, adquiere experiencia local y añade capacidades conforme aumenta la demanda.
“Tras la consolidación en Guatemala, la empresa inició su expansión regional en 2006, llegando a El Salvador para acompañar a un cliente que necesitaba el mismo nivel de servicio”, explica Dorothy Alfaro, COO de Grupo Rolsa.
El desafío consiste en reproducir estándares en países con regulaciones laborales, culturas empresariales y condiciones operativas diferentes. Para la compañía, la respuesta ha sido construir metodologías comunes, indicadores de desempeño y procesos que permitan ofrecer una experiencia similar en sus cinco mercados.
Rodolfo Roulet Freeman, CEO de Grupo Rolsa y miembro de la segunda generación de la familia, sostiene que la evolución de la empresa no consistió solamente en agregar servicios, sino en aprender a conectarlos. El objetivo es que un gerente regional pueda recurrir al mismo grupo para resolver necesidades que abarcan desde el servicio de limpieza y el outsourcing operativo hasta la administración integral de una propiedad.
Cuatro unidades alrededor de una misma operación
Canam continúa siendo la base histórica y la principal puerta de entrada del grupo.
La unidad ofrece una solución integral a través de sus servicios operativos: outsourcing, administración de planillas, soluciones de última milla (Delivery), entre otros.
Su propuesta responde a la decisión de otras compañías de tercerizar actividades que no forman parte de su negocio principal. El argumento ya no se limita a reducir costos: también incluye ganar flexibilidad, responder a incrementos de demanda y liberar recursos internos para actividades estratégicas.
Higienik, creada en 1999, extendió el modelo hacia las soluciones y productos de higiene industrial. Su portafolio comprende productos destinados a la sanitización de espacios, químicos industriales de limpieza, eliminación de grasa, limpieza de drenajes y control de bacterias y hongos.
La unidad complementa el trabajo operativo de Canam al suministrar insumos y soluciones especializadas. De esta manera, Grupo Rolsa busca controlar una parte mayor de la cadena de servicio, desde la disponibilidad del personal hasta los productos utilizados en la operación.
La tercera pieza es Adesa, fundada en 2020 para atender el mercado de facility management. La empresa administra condominios, edificios, comercios y otras propiedades, con servicios que abarcan la gestión operativa, táctica y comunitaria de los inmuebles.
Adesa amplió la relación del grupo con sus clientes. Rolsa dejó de concentrarse exclusivamente en tareas específicas para involucrarse en la administración de activos, el control de costos, la seguridad de las instalaciones y la experiencia de sus ocupantes.
Óptima, la unidad más reciente, comenzó a operar en 2023. Está especializada en limpiezas profundas, técnicas e industriales, entre ellas limpiezas en alturas, limpiezas industriales, especializadas y técnicas.
Las cuatro unidades pueden trabajar de forma independiente, pero la propuesta estratégica aparece cuando operan en conjunto. Canam aporta personal y ejecución; Higienik, productos y soluciones de higiene; Adesa, administración integral de propiedades; y Óptima, intervenciones técnicas de mayor complejidad.
La empresa busca así convertirse en un integrador de soluciones operativas y no solamente en un proveedor tradicional de limpieza.
La segunda generación cambia la estructura
El crecimiento regional coincidió con otro proceso determinante: el relevo generacional.
Rodolfo Edmundo Roulet Noriega permanece como fundador y presidente de la Junta Directiva. Sus hijos asumieron responsabilidades dentro de la gestión: Rodolfo Roulet Freeman ocupa la posición de CEO; Alejandro Roulet dirige la dirección de Recursos Humanos, y Cristian Roulet está al frente de la dirección Transformación y Tecnología.
La incorporación de la segunda generación no solo distribuyó responsabilidades. También impulsó una mayor institucionalización del negocio familiar, con prácticas de gobierno corporativo, funciones ejecutivas más definidas y una estructura diseñada para sostener operaciones en diferentes países.
“Para que una empresa familiar prospere, el legado debe transformarse y amoldarse a las nuevas generaciones”, afirma el fundador.
En su lectura, la llegada de sus hijos aportó nuevas ideas y permitió fortalecer la administración necesaria para convertir la compañía en una operación regional.
El desafío de la sucesión consiste en preservar los principios que dieron origen a la empresa y, al mismo tiempo, desarrollar capacidades que no eran necesarias cuando el negocio operaba en un solo mercado.
Para Roulet Freeman, uno de los principales aprendizajes fue reconocer que la estructura debe acompañar la expansión. Crecer sin procesos, controles o responsabilidades definidas puede debilitar la operación que hizo posible el salto regional.
Tecnología para coordinar a más de 5.000 personas
La institucionalización de Grupo Rolsa también tiene un componente tecnológico. La compañía unificó sus operaciones mediante un sistema de planificación de recursos empresariales o ERP, que conecta a más de 5.000 colaboradores y reúne información de las cuatro unidades en una misma plataforma.
El objetivo es sincronizar personas, procesos y datos que antes funcionaban por separado. El grupo también reporta el uso de herramientas móviles en campo, análisis de información para apoyar decisiones e inteligencia artificial para automatizar tareas repetitivas.
En una empresa intensiva en personal y con operaciones distribuidas geográficamente, la tecnología cumple una función de control. Permite comparar indicadores, verificar el cumplimiento de tareas y ofrecer evidencia sobre los niveles de servicio acordados con cada cliente.
“En servicios, el cliente compra confiabilidad: demostrarle con datos que lo prometido se cumplió es, en sí mismo, parte del valor que entregamos”, resume Cristian Roulet.
La plataforma tecnológica también debe ayudar a resolver una de las mayores complejidades del modelo: coordinar cuatro unidades en cinco países, cada uno con sus propias condiciones laborales, regulatorias y operativas.
El outsourcing ya no se vende solo como ahorro
La evolución de Grupo Rolsa refleja un cambio más amplio en el negocio de la tercerización. Durante años, el principal argumento para contratar a un proveedor externo fue disminuir costos. Hoy las empresas también buscan continuidad operativa, capacidad de respuesta y acceso a conocimientos especializados.
Las temporadas de alta demanda, la apertura de operaciones y los cambios en las estrategias comerciales obligan a las organizaciones a ajustar rápidamente su estructura.
Esa necesidad favorece a proveedores capaces de movilizar personal, procesos e insumos sin que el cliente tenga que desarrollar internamente cada capacidad. La tercerización también responde a un problema de talento. Funciones que no pertenecen al núcleo del negocio pueden consumir tiempo administrativo y exigir procesos permanentes de reclutamiento, capacitación y retención.
No obstante, operar en una industria con barreras de entrada relativamente bajas significa competir con numerosos proveedores. Para Grupo Rolsa, la diferenciación pasa por ofrecer estabilidad, respaldo regional, medición de resultados y la posibilidad de integrar varias soluciones bajo una misma relación comercial.
Las afirmaciones sobre calidad, eficiencia y retención de clientes forman parte de la propuesta de valor declarada por la compañía. Su consolidación como ventaja competitiva dependerá de la capacidad de mantener estándares comparables conforme aumenten el número de operaciones y la complejidad de los servicios.
El reto de convertir integración en escala
Grupo Rolsa proyecta profundizar su presencia en los mercados donde ya opera y ampliar la escala de sus nuevas líneas de negocio. Su aspiración es ser reconocido como un integrador regional de soluciones operativas.
La compañía parte de una base construida durante más de cuatro décadas, pero enfrenta un reto diferente al de sus primeros años. Ya no se trata únicamente de captar clientes o incorporar colaboradores: debe coordinar negocios con dinámicas distintas, profesionalizar la sucesión familiar y garantizar que la expansión no avance más rápido que sus controles.
La integración es la principal fortaleza del modelo, porque permite ofrecer múltiples capacidades desde una sola plataforma. También es su mayor desafío: cada nueva unidad, país y cliente añade exigencias a una estructura que debe mantener la misma previsibilidad.
La fórmula que llevó a Rolsa desde una aplicación química hasta una operación de más de 5.000 colaboradores dependerá ahora de su capacidad para convertir esa integración en escala sostenible. En una industria donde ejecutar una tarea ya no es suficiente, el grupo apuesta por administrar el sistema completo que permite a sus clientes concentrarse en su negocio principal.