Por revistaeyn.com
Las empresas colombianas transitan 2026 en un entorno marcado por la prolongación de la incertidumbre política y un panorama macroeconómico poco despejado, factores que amenazan con estrechar sus márgenes y tensionar sus flujos de caja.
Así lo advierte Fitch Ratings, que anticipa presiones crecientes durante los próximos 12 a 18 meses, en un contexto de tasas de interés todavía elevadas, inflación resistente, mayores exigencias fiscales y un acceso más limitado al financiamiento internacional.
La rebaja de la calificación soberana de Colombia en diciembre de 2025 —que arrastró a varias compañías locales— evidenció los desafíos estructurales de las finanzas públicas, con déficits fiscales significativos y un nivel de endeudamiento en aumento. Este escenario reduce el margen para una flexibilización monetaria agresiva, manteniendo altos los costos financieros para el sector corporativo y debilitando los indicadores de cobertura de deuda.
A ello se suma un clima político volátil que complica la planificación financiera de las empresas, especialmente de aquellas con mayor apalancamiento o liquidez más ajustada, en la antesala de las elecciones legislativas y presidenciales.
La incertidumbre se intensificó a finales de enero, cuando el Tribunal Constitucional suspendió de manera provisional el decreto de emergencia económica y las medidas tributarias asociadas, a la espera de una revisión de fondo. La decisión dejó en pausa iniciativas que buscaban reforzar los ingresos públicos tras el revés de la reforma fiscal en el Congreso, entre ellas mayores impuestos al patrimonio, gravámenes a transacciones financieras y cargas adicionales sobre sectores como energía y minería.
Para Fitch, este episodio refuerza el riesgo de cambios abruptos de política y posibles reversiones, lo que erosiona la visibilidad de los flujos de caja y podría derivar en presiones negativas sobre algunas calificaciones corporativas.
El sector eléctrico figura entre los más expuestos a la intervención estatal. Las políticas orientadas al control de precios en el corto plazo han restado previsibilidad financiera e incentivos a la inversión, elevando el riesgo de desbalances futuros en la oferta energética.
Fitch considera que las perspectivas para las compañías eléctricas colombianas en 2026 muestran un deterioro, con mayores tensiones de liquidez para generadores y distribuidoras, aunque estos riesgos se ven parcialmente compensados por la solidez crediticia y la diversificación de activos de varias empresas calificadas.
Otros sectores enfrentan desafíos específicos. El aumento reciente del salario mínimo podría impulsar el consumo en el corto plazo, pero también presionar la inflación y los costos operativos. En la construcción de vivienda, las restricciones de precios y los problemas de asequibilidad limitan la capacidad de trasladar mayores costos a los compradores, mientras que las tasas altas encarecen el financiamiento hipotecario.
En consumo y alimentos, el mayor ingreso disponible de los hogares podría verse neutralizado por el alza de costos laborales y cambiarios, afectando especialmente a negocios intensivos en mano de obra como restaurantes y cafeterías.
En el frente financiero, una prima de riesgo soberano más elevada sigue cerrando parcialmente las puertas de los mercados internacionales. La emisión de bonos locales se ha enfriado en los últimos años, empujando a las empresas hacia el crédito bancario de corto y mediano plazo.
Aun así, Fitch destaca que el endeudamiento agregado se mantiene relativamente prudente y que el calendario de vencimientos está bien distribuido, lo que ofrece cierto colchón frente a un entorno que, por ahora, sigue dominado por la cautela.