Por Leonel Ibarra - revistaeyn.com
El sistema bancario de Honduras se mueve en un entorno complejo, marcado por las limitaciones estructurales de una economía pequeña y con bajo ingreso por habitante. Así lo advierte un análisis reciente de S&P Global Ratings, que dibuja un panorama de estabilidad moderada para el sector financiero, aunque bajo condiciones que restringen su potencial de expansión.
La calificadora subraya que "el reducido tamaño de la economía hondureña, junto con elevados niveles de pobreza y un amplio sector informal, limita tanto la capacidad de endeudamiento de los hogares como el margen de crecimiento del crédito bancario".
La escasa diversificación productiva también pesa sobre las perspectivas, al concentrar riesgos y reducir las oportunidades de financiamiento en distintos sectores.
A estos factores se suman desafíos institucionales persistentes. La debilidad en el estado de derecho, la fragilidad de las estructuras políticas y la percepción de corrupción continúan siendo elementos que, según el informe de S&P Global Ratings, "afectan la resiliencia económica del país".
Aunque se prevé que las cuentas fiscales se mantengan relativamente estables tras la reducción del déficit del gobierno general en 2025, la infraestructura limitada y la exposición a choques externos —como variaciones en los precios internacionales o en el flujo de remesas— podrían frenar un mayor dinamismo económico. Para 2026, la agencia estima un crecimiento del producto interno bruto cercano al 3 %.
Marco regulatorio rezagado
En ese contexto, el desempeño de la banca sería prudente pero sostenido. S&P proyecta que la cartera de préstamos crecerá en torno a 4,5 % real durante los próximos dos años, un ritmo moderado acorde con el entorno económico.
En cuanto a la calidad de los activos, se espera que los créditos improductivos se mantengan alrededor del 2,8 % entre 2026 y 2027, niveles comparables con los de otros países que enfrentan riesgos económicos similares.
El marco regulatorio, no obstante, "continúa rezagado frente a estándares internacionales". La implementación integral de Basilea III no se anticipa en el corto plazo, aunque el supervisor financiero ha planteado medidas para acercarse gradualmente a esas prácticas, como la identificación de entidades de importancia sistémica local y la adopción de un colchón de conservación de capital de 2,5 % para todas las instituciones.
En materia de fondeo, el sistema descansa principalmente en una base amplia y diversificada de depósitos de clientes. Sin embargo, "la escasa profundidad del mercado de capitales y las limitadas alternativas de financiamiento reducen la flexibilidad estructural de los bancos".
La oferta de productos financieros "seguirá siendo mayoritariamente tradicional, lo que contribuiría a un entorno operativo estable y con pocas distorsiones en el corto plazo".
En meses recientes, las entidades enfrentaron tensiones de liquidez tras el incremento del encaje legal dispuesto por el banco central, medida que intensificó la competencia por captar depósitos y elevó los costos de financiamiento.
No obstante, a medida que esas presiones cedan, podría abrirse espacio para retomar con mayor holgura la expansión crediticia. Los márgenes, por su parte, se mantendrían sólidos, apoyados en el dinamismo del crédito al consumo y en la recuperación gradual de los depósitos.