Por Agencia EFE
Las mujeres iberoamericanas están cada vez más involucradas en actividades de investigación, desarrollo e innovación, pero esa participación disminuye cuanto más alto se asciende en las escalas de prestigio y de responsabilidad.
Persiste el 'techo de cristal' que les impide alcanzar posiciones de liderazgo en las organizaciones, a pesar de contar con la preparación, la experiencia y las capacidades necesarias.
Los datos revelan esa desigualdad estructural en Iberoamérica, ya que las mujeres representan el 43 % del personal dedicado a la investigación y el desarrollo, pero su presencia se concentra en el ámbito académico y gubernamental, y la participación femenina entre las personas que inventan ronda el 28 %, pero al ritmo actual la paridad se proyecta muy lejana, ya que no se alcanzaría hasta 2056.
Los datos se ponen de relieve en el informe 'Mujeres en ciencia, tecnología, innovación y digitalización en Iberoamérica: análisis de brechas, marcos normativos y políticas públicas', que han elaborado la Secretaría General Iberoamericana, la Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres (ONU-Mujeres) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
El trabajo señala los avances que se han logrado durante las últimas décadas y cómo más mujeres acceden a la educación superior y participan en la investigación científica, pero también corrobora que las desigualdades no sólo persisten sino que han adoptado nuevas formas.
Están sobrerrepresentadas en las disciplinas menos valoradas económicamente -como las ciencias sociales y humanidades- y subrepresentadas en aquellas que concentran las oportunidades más dinámicas en el futuro, como la ingeniería, la programación o la inteligencia artificial, y aunque representan el 60 % de las personas graduadas universitarias en Iberoamérica, ese porcentaje baja al 10 % en carreras de ciencia, tecnología, ingeniería o matemáticas.
El estudio concluye que las brechas de género tienen su origen en una combinación de aspectos normativos, culturales, educativos, institucionales y económicos, y cómo comienza en la infancia —cuando los estereotipos empiezan a modelar las conductas o qué materias parecen más adecuadas para las niñas o los niños— y se consolidan a lo largo de la vida educativa y laboral, y el resultado final es un sistema social que asocia la tecnología, la innovación y el desarrollo económico con lo masculino y asigna a las mujeres roles vinculados a las actividades de cuidado o a las áreas sociales.
Tras analizar datos del Banco Mundial o del Fondo Monetario Internacional, el informe concluye la exclusión de mujeres en áreas tecnológicas representa una pérdida sustancial de talento y capacidad de innovación, lo que reduce el potencial de crecimiento de las sociedades iberoamericanas, y que la equidad de género trasciende la dimensión ética y es una estrategia esencial para fortalecer el desarrollo económico e impulsar la competitividad y la prosperidad.