Por Leonel Ibarra - revistaeyn.com
La economía de Honduras se encamina hacia 2026 con señales de desaceleración moderada, en un contexto marcado por riesgos internos y externos que podrían limitar su desempeño.
Tras un 2025 de crecimiento sostenido, impulsado principalmente por la demanda interna, las perspectivas apuntan a un entorno más complejo, según un informe reciente de Grupo EMFI.
Durante el año pasado, la actividad económica mostró solidez. El Producto Interno Bruto (PIB) creció 3,4 % interanual en el tercer trimestre y acumuló un avance de 3,8 % en los primeros nueve meses. Este dinamismo estuvo respaldado por el consumo privado, que aumentó 5,7 %, favorecido por el flujo de remesas, así como por un mayor gasto público en el marco del ciclo electoral.
“El crecimiento estuvo impulsado principalmente por la demanda interna, especialmente por el consumo público y privado, en un contexto de fuerte expansión del gasto asociado al ciclo electoral”, señala el informe de Grupo EMFI. No obstante, este impulso comenzó a perder fuerza hacia finales de 2025, cuando los indicadores mensuales reflejaron una moderación en la actividad.
De cara a 2026, el panorama presenta lo que el informe describe como una “triple presión” sobre el crecimiento. Por un lado, las remesas —uno de los principales motores del consumo— ya muestran señales de desaceleración. En los primeros dos meses del año crecieron 11,2 % interanual, muy por debajo del 19,6 % registrado en el mismo periodo de 2025.
A esto se suma un entorno externo menos favorable. Honduras, como importador neto de petróleo, enfrenta el impacto del alza en los precios internacionales del crudo, lo que podría traducirse en mayores presiones inflacionarias y un deterioro de la cuenta corriente.
“Un aumento sostenido en la factura petrolera no solo elevaría la inflación, sino que también erosionaría el ingreso real de los hogares y aumentaría los costos de producción”, advierte Grupo EMFI.
El tercer factor de presión proviene del ámbito fiscal y político. Tras el ciclo electoral, se anticipa una política fiscal más restrictiva, orientada a contener el gasto público. Este ajuste, aunque necesario para mantener la sostenibilidad de las finanzas públicas, podría enfriar la demanda interna en el corto plazo.
En este contexto, el programa con el Fondo Monetario Internacional adquiere un papel clave como ancla de estabilidad. “El éxito del programa dependerá de la capacidad del gobierno para implementar reformas estructurales en un entorno de fragmentación política”, destaca el informe. La falta de una mayoría clara en el Congreso podría retrasar la aprobación de medidas clave.
En conjunto, las proyecciones apuntan a un crecimiento de alrededor de 3,6 % para 2026, ligeramente por debajo del desempeño estimado para 2025. Sin embargo, los riesgos están claramente inclinados a la baja.
Así, Honduras enfrentará el reto de sostener su estabilidad macroeconómica en un entorno menos favorable, donde la disciplina fiscal, la gestión de choques externos y la capacidad de ejecución de reformas serán determinantes para mantener la confianza y el crecimiento.