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Una 'depuración del calendario' podría transformar su rutina y evitar el agotamiento

Aunque una agenda saturada suele interpretarse como sinónimo de productividad, en realidad puede convertirse en un obstáculo para alcanzar metas de largo plazo y para dedicar tiempo a lo verdaderamente importante.

2026-02-09

Por revistaeyn.com

Asumir el control del tiempo puede ser un paso decisivo para mejorar el bienestar personal y el desempeño profesional. Así lo plantea la coach de carrera Megan Hellerer, quien propone una práctica cada vez más comentada entre ejecutivos y trabajadores: depurar el calendario de actividades para recuperar enfoque, energía y sentido de propósito.

Según Hellerer, autora del libro Directional Living: A Transformational Guide to Fulfillment in Work and Life, la agenda diaria funciona como un registro fiel de cómo vivimos. “El calendario es el comprobante de nuestra vida”, sostiene.

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Aunque una agenda saturada suele interpretarse como sinónimo de productividad, en realidad puede convertirse en un obstáculo para alcanzar metas de largo plazo y para dedicar tiempo a lo verdaderamente importante.

En el ámbito laboral, esta sobrecarga se manifiesta con jornadas repletas de reuniones consecutivas que dejan poco espacio para pensar en estrategia, visión o creatividad. El resultado suele ser una sensación persistente de agotamiento, aburrimiento o incluso desgaste emocional. Frente a ese panorama, Hellerer recomienda realizar una “limpieza del calendario”, un ejercicio de revisión consciente del uso del tiempo.

El primer paso consiste en observar con honestidad la agenda. La experta sugiere revisar todas las actividades programadas durante el último mes y las previstas para el siguiente, y elaborar una lista completa. Este repaso obliga a reconocer, sin filtros, cómo se distribuyen realmente las horas del día.

Luego, propone evaluar cada actividad con una puntuación del uno al diez, según el nivel de entusiasmo que genera. La clave está en imaginar cómo se siente asistir a esa cita o despertar sabiendo que forma parte de la jornada. Las reacciones de fastidio o desánimo suelen repetirse y permiten identificar patrones claros: reuniones innecesarias, compromisos mal ubicados o rutinas que drenan energía.

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Una vez detectados esos focos de desmotivación, Hellerer plantea tres caminos posibles. El primero es eliminar la actividad. Aunque no siempre es viable cancelar compromisos laborales formales, sí es posible desprenderse de otros que ya no aportan valor, especialmente en la vida personal.

La segunda opción es mejorar lo que no se puede suprimir. Analizar qué genera rechazo —el formato, el horario o incluso la dinámica— puede abrir la puerta a ajustes simples, como cambiar la hora de una reunión que interrumpe momentos de mayor concentración.

La tercera alternativa es buscar un reemplazo. En algunos casos, un encuentro presencial puede transformarse en un intercambio por correo electrónico o en un informe más detallado, reduciendo el desgaste sin perder efectividad.

Para Hellerer, estos cambios no deben asumirse como definitivos. La clave es adoptar una mentalidad de prueba y ajuste continuo. Depurar el calendario no es solo una cuestión de organización, sino una forma de alinear el tiempo con aquello que realmente impulsa el crecimiento personal y profesional.

Con información de CNBC

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