Por Daniel Zueras - Estrategia & Negocios
En las noches de Bilwi (Puerto Cabezas, caribe nicaragüense), donde la escasez de electricidad impone una oscuridad profunda, el cielo nocturno se revela como el laboratorio más puro de la naturaleza. Para Roxy Williams, esas estrellas no eran solo puntos de luz distantes, sino la chispa de la curiosidad.
Hoy, a los 25 años, esa niña ha transformado su curiosidad en una carrera meteórica: Roxy ejerce actualmente como Embajadora de Space for Humanity y Coordinadora Regional de Cosmos for Humanity.
Roxy acaba de dar otro paso hacia el espacio: ha sido seleccionada para una beca de investigación en EEUU, que le permitirá trabajar en una empresa aeroespacial.
Su camino hacia la ciencia fue, inicialmente, un ejercicio de supervivencia lingüística. Con el miskito como lengua materna, llegó a Managua a los 9 años enfrentando la barrera del castellano y la discriminación por su acento. Sin embargo, encontró su puente pedagógico en el “Manual de Astronomía para Centroamericanos” del científico Jaime Incer Barquero. A través de este texto, no solo aprendió a descifrar el sistema solar, sino que perfeccionó el español utilizando el lenguaje universal de la ciencia.
REORIENTÓ SU SUEÑO EN LA ADOLESCENCIA
Durante su adolescencia, Williams soñaba con ser presidenta de Nicaragua. Sin embargo, su encuentro con el astrónomo Julio Vannini marcó un punto de inflexión en su vida: ante la pregunta de por qué ser presidenta cuando podía ser la primera astronauta de Nicaragua, Roxy decidió reorientar su perfil profesional.
En 2016, tras participar en un campamento aeroespacial en la Universidad de Costa Rica y construir con sus propias manos su primer cohete de combustible sólido, tomó la decisión de estudiar Ingeniería en Software en lugar de Ciencias Políticas.
COSTA RICA, UNA OPORTUNIDAD PARA ROXY WILLIAMS
Comenzó la “U” en su país de origen, pero el estallido social de 2018 en Nicaragua obligó a Williams a buscar refugio en Costa Rica por razones de seguridad, un episodio abrumador que amenazó con interrumpir su formación.
Pero el país vecino se convirtió en su “espacio seguro”, permitiéndole no solo continuar sus estudios en la Universidad Latinoamericana de Ciencia y Tecnología (ULACIT), sino también integrarse profesionalmente en empresas globales como Intel.
El caso de Roxy subraya la importancia de la integración migratoria como un motor de competitividad regional, donde el talento exiliado encuentra plataformas para escalar a nivel global.
“Uno de los momentos más abrumadores para mí fue pensar que después de tanto esfuerzo, pensaba que iba a tener que abandonar mi sueño de ser una profesional, de tener una carrera, al llegar a un nuevo país donde no conocía a muchas personas. Sin embargo, todo funcionó súper bien, logré tener muchas oportunidades”, comenta la joven.
El orgullo de su origen lo muestra en cada palabra. Como programadora, Roxy ha fusionado su identidad ancestral con la lógica binaria en un acto de soberanía cultural: “Naxa Tasba” (Hola Mundo, en idioma miskito), fue su “primera línea de código”, otorgándole una voz propia en un sector donde la representación afroindígena ha sido históricamente nula.
Y el interés de su trabajo tiene también mucho que ver con su origen. El impacto del huracán Félix (2007) en Bilwi, con decenas de muertos, la marcó. Vio la vulnerabilidad de la zona y decidió trabajar dentro del proyecto del que habría sido el primer satélite nicaragüense, Nicasat-1 (algo que se quedó en eso, en un proyecto), un nanosatélite a través del que propuso medir niveles críticos de agua y alertar a comunidades caribeñas ante inundaciones, identificando lugares seguros para la población en casos de emergencia.
También ha captado la atención internacional con su diseño conceptual de un hospital lunar para 1.000 personas, en el que propone el uso de tubos de lava lunares como estructura base para proteger a los pacientes de la radiación, aplicado a futuros asentamientos espaciales.
El avance de Roxy está siendo rápido e imparable. El 1 de junio de 2025 participó en la misión “Fly With Mein Zero-G” de Space for Humanity, realizada en California.
Seleccionada entre miles de candidatos por el mentor y comunicador científico Trace Domínguez, Roxy experimentó la microgravedad, un entorno reservado para unos pocos privilegiados del mundo desarrollado.
Para una joven refugiada, este vuelo parabólico fue mucho más que un entrenamiento técnico. Al ver la bandera de Nicaragua flotar en ingravidez, Roxy transformó el ejercicio en un acto de memoria política y esperanza.
CAMINAR ACOMPAÑADA
El ascenso de Williams no ha sido un esfuerzo solitario, sino el resultado de redes de apoyo y mentoría. Figuras como Sandra Cauffman, Subdirectora de la División de Astrofísica en la Dirección de Misiones Científicas de la NASA, le hicieron entender que el origen socioeconómicono define el techo del éxito.
“La pobreza no es una excusa para no tener éxito”, le dijo la costarricense en uno de los campamentos espaciales a los que Roxy acudió.
Asimismo, la guía de Karla Blanco fue instrumental para su ingreso al sector tecnológico corporativo, mientras que Holly Pascal ha sido clave en su proyección internacional a través de la Red Aeroespacial de Mujeres.
Williams sostiene que identificar a quienes abogarán por uno en las “habitaciones donde se toman decisiones” es una competencia profesional indispensable.
Reconocida con el Pioneer Award (2021) y el premio Emerging Space Leader (2022) de la Federación Internacional Aeronáutica en París, Roxy subraya que el acompañamiento de otras mujeres en STEM es el factor que transforma una aspiración individual en una realidad sistémica.
Y Roxy busca devolver ese apoyo. Consciente de su papel como referente para niñas y jóvenes centroamericanas, fundó la iniciativa Pantera Space, con la que pretende democratizar el acceso al software espacial ya la formación técnica para comunidades marginadas, incluyendo jóvenes refugiados y grupos afroindígenas.
A través de talleres que simplifican lenguajes técnicos complejos, busca encender la chispa de la curiosidad en entornos vulnerables (ya ha impartido talleres en zonas desfavorecidas de San José), transformando la percepción de que las carreras científicas son inalcanzables para quienes provienen de zonas vulnerables.