Por revistaeyn.com
La deuda de El Salvador vuelve a situarse bajo presión. El reciente retroceso del bitcoin y las fricciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) han reactivado la volatilidad en los mercados, poniendo a prueba la confianza que los inversionistas habían reconstruido en los últimos años alrededor de los bonos del país.
El Salvador ha sido uno de los casos más visibles de adopción estatal de criptomonedas. El presidente Nayib Bukele convirtió al bitcoin en moneda de curso legal junto al dólar y mantuvo una política de compras constantes, incluso en momentos de fuerte corrección del mercado.
Sin embargo, la más reciente caída del criptoactivo —que acumula un descenso cercano al 46 % desde su pico de octubre— redujo de manera significativa el valor de las tenencias gubernamentales, que pasaron de unos US$800 millones a cerca de US$500 millones, según estimaciones basadas en datos oficiales.
Ese deterioro coincidió con una baja de más del 22 % en el precio del bitcoin desde finales de enero, un movimiento que impactó directamente la percepción de riesgo país. Los bonos salvadoreños con vencimiento en 2035 llegaron a perder hasta 2,6 centavos por dólar antes de estabilizarse en línea con el repunte general de la deuda emergente. Aun así, los seguros contra impago (CDS) subieron a su nivel más alto en cinco meses, reflejando la inquietud de los mercados.
INVERSIONISTAS PREOCUPADOS
“El FMI podría estar en desacuerdo con los desembolsos que potencialmente se utilizan para agregar bitcoin”, dijo a Bloomberg Christopher Mejía, analista de deuda soberana de mercados emergentes de T. Rowe Price. “La caída del bitcóin tampoco ayuda a calmar las preocupaciones de los inversionistas”.
El trasfondo es más profundo que la volatilidad cripto. El acuerdo por US$1.400 millones con el FMI, considerado un pilar clave para la sostenibilidad financiera, atraviesa momentos delicados. La segunda revisión del programa permanece estancada desde septiembre debido a retrasos en la publicación de un análisis sobre la reforma del sistema de pensiones, mientras el gobierno continúa ampliando sus posiciones en bitcoin, pese a las advertencias del organismo.
Analistas de fondos internacionales advierten que la persistencia en la estrategia cripto podría complicar los desembolsos futuros. Si el programa se descarrila, el mercado podría reaccionar con fuerza negativa, dado que el respaldo del FMI ha sido fundamental en la recuperación de los bonos, que en los últimos tres años ofrecieron retornos acumulados superiores al 130 %.
“La compra continua de bitcoin, en nuestra opinión, crea algunos desafíos potenciales para las revisiones del FMI”, dijo Jared Lou, quien ayuda a gestionar el Fondo de Deuda de Mercados Emergentes William Blair. “El mercado reaccionaría bastante mal si el ancla que proporciona el FMI ya no existiera”.
El Fondo ha reiterado que las conversaciones siguen en curso y que buscan mayor transparencia y gobernanza en torno a las compras de bitcoin. Sin embargo, el tiempo juega en contra. Este año, El Salvador debe afrontar vencimientos por unos US$450 millones, cifra que escalará a casi US$700 millones en 2027, además de un incremento en las obligaciones previsionales que alcanzarán el 6 % del PIB tras la reforma pendiente.
No todo es negativo. La administración Bukele ha reducido el déficit fiscal a alrededor del 3% del PIB y fortalecido los niveles de liquidez, con reservas internacionales cercanas a US$4.500 millones. Moody’s cambió recientemente la perspectiva crediticia a positiva, citando el compromiso con el programa del FMI, mientras el Banco Interamericano de Desarrollo anunció financiamiento por US$1.300 millones para proyectos en vivienda y turismo.
Algunos inversionistas consideran que la relación cercana de Bukele con Washington podría ofrecer un margen político adicional, dado el peso de Estados Unidos dentro del FMI.
“Parece que el gobierno de Bukele se está apoyando en su relación aparentemente preferencial con EEUU para ampliar los límites del programa”, dijo el analista de Oppenheimer Thomas Jackson.
Sin embargo, depender exclusivamente de ese respaldo implicaría sustituir un ancla institucional por una apuesta más incierta.