Por Leonel Ibarra - revistaeyn.com
Centroamérica enfrenta un momento decisivo en materia urbana. Mientras las ciudades continúan expandiéndose aceleradamente, los desafíos vinculados con movilidad, acceso a servicios, resiliencia climática y gobernanza municipal se vuelven cada vez más complejos.
El Índice de Ciudades Inteligentes México–Centroamérica, presentado por la Fundación Friedrich Naumann para la Libertad, evalúa a 23 ciudades de la región centroamericana y México con base en 15 indicadores vinculados al crecimiento económico, la movilidad sostenible, la accesibilidad, la resiliencia ambiental y la transparencia gubernamental.
El estudio coloca entre las ciudades con mejor desempeño regional a las mexicanas Guadalajara, Monterrey, y a las centroamericanas Ciudad de Guatemala, San José y Ciudad de Panamá, aunque uno de los principales hallazgos es que el tamaño poblacional no determina necesariamente el éxito urbano.
“Las ciudades inteligentes no son necesariamente las más grandes, sino las que mejor gestionan su capacidad institucional”, explicó Marco Martínez O’Daly, asesor de la Red de Ciudades Inteligentes de la Fundación Friedrich Naumann para la Libertad y autor del estudio.
“El tamaño de una ciudad suele ser el resultado acumulado de su capacidad para concentrar oportunidades. Las ciudades grandes no son atractivas por ser grandes; son grandes porque durante décadas lograron ser atractivas para vivir, trabajar, visitar, invertir y emprender”, afirmó Martínez O’Daly.
EL “HARDWARE” Y “SOFTWARE” DE LA CIUDAD
El comportamiento de estas ciudades permite leer tendencias comunes, pero también diferencias profundas en la manera en que cada una ha gestionado su expansión, su movilidad y sus activos ambientales.
Saraí Domínguez, coordinadora de Smart City University y coautora del estudio, defendió una visión integral del desarrollo urbano. Para la especialista, el futuro de las ciudades no se define solo por sensores, plataformas o aplicaciones, sino por la relación entre infraestructura, gobernanza y oportunidad.
El índice, en ese sentido, pone el énfasis en dos dimensiones decisivas: el “hardware” de la ciudad, es decir, su estructura física, y el “software” institucional, entendido como la calidad de sus reglas, su administración y su capacidad de gestión. Esa lectura resulta clave para comprender por qué algunas ciudades logran avanzar con mayor rapidez que otras.
El estudio muestra que las urbes mejor posicionadas no necesariamente son las más grandes, sino aquellas que han construido durante años instituciones sólidas, reglas más claras, finanzas más estables y proyectos de largo plazo. En esa lista destacan Guadalajara, Monterrey, Ciudad de Guatemala, San José (Costa Rica) y Ciudad de Panamá, cinco ciudades que, desde realidades distintas, han logrado consolidar ventajas urbanas y económicas.
La movilidad aparece como uno delos mayores desafíos. San José, por ejemplo, forma parte de las ciudades que mejor estructuran su red vial primaria, pero ello no impide que enfrente severos problemas de congestión. El problema, según el análisis, no radica únicamente en la traza interna de la capital costarricense, sino en la dinámica metropolitana que incorpora municipios vecinos como Desamparados, Santa Ana y Santo Domingo.
“El problema de la movilidad rara vez depende de un solo municipio. En muchas áreas metropolitanas los cuellos de botella aparecen porque distintos gobiernos locales no coordinan adecuadamente su planificación territorial y su sistema de transporte”, señaló Martínez O’Daly.
La Ciudad de Panamá, por su parte, obtuvo un resultado moderado en densidad, pese a que a simple vista podría parecer una urbe altamente compacta por su perfil vertical. La explicación está en que su mancha urbana incorpora amplias zonas suburbanas al norte y al este, donde la densidad disminuye con fuerza.
Otro indicador que ofrece pistas sobre la estructura económica de las ciudades es el de negocios por cada 100 mil habitantes. En esta categoría, Ciudad de Guatemala, Antigua Guatemala, Pachuca, Guadalajara e Irapuato aparecen entre las mejor posicionadas. El dato confirma que el dinamismo comercial no depende solo de la magnitud de la economía, sino de la facilidad para emprender, formalizar y operar dentro del territorio.
El indicador de experiencias e identidad local coloca a Antigua junto a Monterrey, Guadalajara, Ciudad de Panamá y San José como una de las ciudades con mayor riqueza de vivencias urbanas.
En todos los casos, el estudio subraya que no siempre hacen falta grandes presupuestos para mejorar la calidad de vida, sino visión urbanística, gestión territorial y la decisión de convertir activos ambientales en infraestructura pública útil.
Domínguez enfatizó que el desarrollo urbano no debe evaluarse sólo por sus indicadores económicos, sino por la experiencia cotidiana de vivir en la ciudad. Para la investigadora, la accesibilidad se traduce en la posibilidad real de llegar a empleo, servicios, transporte, recreación y espacios públicos.
Desde esa perspectiva, un barrio bien conectado y con parques cercanos no es únicamente un lugar más agradable, sino también una base para una ciudad más productiva y cohesionada. Según los autores, muchas ciudades de México y Centroamérica aún tienen oportunidad de ordenar su crecimiento antes de que sus periferias se consoliden definitivamente.