Por revistaeyn.com
A medida que se acerca 2026, una parte creciente de la fuerza laboral está decidida a romper con uno de los símbolos más arraigados del mundo del trabajo: el horario rígido de 9 a 5. En su lugar, gana terreno una práctica conocida como "microshifting", una forma de organizar la jornada en bloques cortos y no lineales, adaptados a la energía personal, las responsabilidades familiares y los picos de productividad de cada persona.
De acuerdo con el informe State of Hybrid Work 2025 de Owl Labs, el 65 % de los trabajadores dice estar interesado en este modelo.
Más que una simple preferencia horaria, el microshifting o 'micro jornadas' aparece como una respuesta a la sensación de que la vida laboral se ha vuelto fragmentada y difícil de conciliar con lo personal. Para muchos empleados, se trata de recuperar cierto control perdido en años recientes.
El auge del trabajo remoto durante la pandemia dejó una huella profunda. Aquella etapa demostró que era posible cumplir objetivos sin estar permanentemente anclado a un escritorio ni a un reloj.
El interés actual por el microshifting refleja, en buena medida, el deseo de conservar esa flexibilidad, sobre todo entre quienes trabajan a distancia o cuentan con mayor autonomía. En los empleos presenciales tradicionales, la adopción de este esquema resulta más compleja, aunque no imposible.
Para algunos trabajadores; sin embargo, el microshifting no es una moda nueva. Doug Gregory, profesional independiente en integración audiovisual, asegura que lleva décadas organizando sus días de manera flexible, mucho antes de que existiera el término.
Su lógica es simple: si necesita ausentarse una hora para atender asuntos personales, compensa ese tiempo más tarde. En su caso, el foco está en los resultados, no en la cantidad de horas frente a la computadora.
Esta forma de trabajar resulta especialmente valiosa para padres y cuidadores. El mismo informe de Owl Labs señala que quienes tienen responsabilidades de cuidado son hasta tres veces más propensos a experimentar con el microshifting. Para ellos, la rigidez horaria suele chocar de frente con citas médicas, imprevistos familiares y otras tareas imposibles de posponer.
Theresa Robertson, hoy directora de una agencia de asistentes virtuales, es un ejemplo de ello. Durante 25 años combinó su carrera profesional con el cuidado de su esposo, quien padecía problemas crónicos de salud. Su estrategia fue reorganizar su día alrededor de esas necesidades: adelantar algunas jornadas, alargar otras y acomodar reuniones según las citas médicas. Mientras cumpliera con los plazos y el presupuesto, sus empleadores confiaban en su gestión del tiempo.
Hoy, Robertson sigue aplicando el microshifting para reservar, por ejemplo, las tardes de los viernes a asuntos personales. Para ella, no es una tendencia pasajera, sino una condición necesaria para equilibrar ingresos y calidad de vida.
En un contexto laboral cada vez más orientado a resultados, el microshifting se perfila como una de las claves para redefinir la relación entre trabajo y tiempo.
Con información de CNBC