Empresarios

La confianza es un activo estratégico, dice Roberto Zamora, presidente de Grupo LAFISE

A juicio de Roberto Zamora, presidente de CEAL y Grupo LAFISE, en la esfera corporativa, la confianza se transforma en un activo estratégico que atraviesa clientes, proveedores y mercados y advirtió que si se traiciona, el costo no es solo reputacional, sino que implica una erosión del tejido social y económico.

2025-08-26

Por Leonel Ibarra - revistaeyn.com

Roberto Zamora, presidente del Consejo Empresarial de América Latina (CEAL), fue el Keynote speaker durante el foro Empresas Líderes en Confianza en Centroamérica, en el marco de la presentación del estudio “El valor de la Confianza” de Estrategia & Negocios, en alianza con DATOS Group y PIZZOLANTE, celebrado recientemente en Guatemala.

Zamora, presidente y fundador de Grupo LAFISE —un grupo financiero regional con más de cuatro décadas de trayectoria y presencia en Estados Unidos, toda Centroamérica, México, Panamá, Colombia, República Dominicana y España—, ofreció un discurso sobre cómo la confianza es un importante valor estratégico en el liderazgo duradero y no solo habló desde la autoridad de su historial empresarial, sino desde la experiencia acumulada al frente de una institución que ha debido ganar, sostener y renovar la credibilidad de millones de clientes.

“La confianza en sí misma es un reconocimiento. Se gana, se fortalece y se honra todos los días”, afirmó, y con esa frase trazó la hoja de ruta ética de su visión.

CONFIANZA DESDE EL ORIGEN

En un tono que combinó erudición y anécdota, el empresario recordó que la confianza hunde sus raíces en narrativas universales y sagradas —“desde el principio de los tiempos, cuando Dios confió en que todo lo que había creado era bueno”— para advertirnos que la desconfianza nace con la misma fuerza cuando no se cumple la palabra dada.

Para Zamora, no se trata de un valor más en el catálogo empresarial: “La confianza suele confundirse con un valor; sin embargo, no lo es. Los valores que la acompañan son la lealtad y la honestidad, pero la confianza en sí misma es un reconocimiento.” Esa distinción, aparentemente sutil, posee consecuencias prácticas: un contrato puede proteger un negocio, pero sólo la coherencia entre palabra y acción convierte a un firmante en un socio fiable.

El presidente de LAFISE puso ejemplos cotidianos que ilustran la especialización del acto de confiar: del chef al piloto, cada profesional aporta su pericia, pero el colectivo deposita su seguridad en quien asume la responsabilidad. “Con la confianza en el piloto —que conoce lo que está haciendo y sabe la responsabilidad que conlleva— salimos bien, asustados, pero bien”, relató, haciendo eco de una verdad operativa para cualquier organización: la confianza se construye en equipos donde los roles son claros y las competencias, demostradas.

UN ACTIVO ESTRATÉGICO

En la esfera corporativa, añadió el empresario, esa confianza se transforma en un activo estratégico que atraviesa clientes, proveedores y mercados: “La confianza se entiende como un círculo en constante movimiento: personas, equipos, proveedores, aliados, empresas y clientes.”

La confianza, destacó Zamora, exige pilares sólidos: cumplimiento de promesas, ética, competencia, propósito social y transparencia. “Hemos aprendido que la confianza se sostiene en pilares universales: cumplir lo que prometemos, actuar con ética, demostrar competencia, asumir el propósito social y ser transparentes en cada decisión.” Esa coherencia es la que, según el orador, permite que millones depositen —en sentido literal y figurado— su confianza en una entidad.

Pero también advirtió sobre la fragilidad del patrimonio intangible: “La confianza es como un lienzo limpio, pero puede empañarse fácilmente cuando se confunde con abuso de autoridad o falta de control.” Cuando la confianza se traiciona, el costo no es solo reputacional: implica la erosión de tejido social y económico.

Más allá de la empresa, Zamora reivindicó la potencia transformadora de la confianza en el ámbito social. Para él, los empresarios deben asumir un papel de liderazgo responsable en proyectos de educación e inclusión: “Es la llave que abre oportunidades de inclusión y progreso.”

En su relato no faltaron ejemplos personales que subrayan la audacia de esa convicción: desde tocar la puerta del Vaticano hasta articular agendas sociales con otros líderes, Zamora reivindica la capacidad de la empresa privada para movilizar recursos y voluntades. “Uno tiene que tener confianza en que puede lograr cosas más allá de lo que nos imaginamos”, afirmó, convocando a una visión expansiva del deber empresarial.

UNA GOLONDRINA NO HACE VERANO

En el fondo de su mensaje late una advertencia —y una invitación— para América Latina: la fragmentación de esfuerzos y la ampliación de la brecha social son amenazas que terminan por golpear al propio ecosistema empresarial.

“Una golondrina no hace verano”, dijo para enfatizar la necesidad de cooperación entre fundaciones, empresas y sociedad civil. No es solo una cuestión de altruismo; es una estrategia de supervivencia colectiva: sociedades más inclusivas y educadas alimentan mercados más estables y empresas más resilientes.

Finalmente, la lección de Zamora al liderazgo contemporáneo es sencilla y exigente: la confianza se administra con humildad y persistencia. No se impone desde arriba ni se finge en comunicados bien diseñados; se cultiva en actos cotidianos y decisiones coherentes. “La confianza no se negocia”, proclamó, y con esa sentencia cerró un llamado a gobernar con integridad, a invertir en educación y a pensar en el legado como el verdadero balance que importa.

Leonel Ibarra
Leonel Ibarra
Editor Digital Senior

Periodista salvadoreño con más de 20 años de experiencia en medios de cobertura regional. Especializado en temas de macroeconomía, política y negocios de la región centroamericana.

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