Por revistaeyn.com
La firma calificadora Fitch Ratings proyecta que los países latinoamericanos conservarán su capacidad de maniobra ante un panorama internacional todavía cambiante en 2026. Aunque la región no figura entre los grandes ganadores del escenario económico mundial, el organismo prevé que las economías lograrán sostenerse sin deterioros significativos, lo que respalda una visión sectorial catalogada como “neutral”.
Uno de los factores que mantiene en vilo a los analistas es la evolución de la política comercial y migratoria de Estados Unidos. Hasta ahora, los ajustes aplicados por Washington no han generado daños profundos en América Latina; sin embargo, Fitch advierte que los efectos podrían aparecer con retraso.
A esto se suma la expectativa alrededor de la próxima revisión del acuerdo comercial USMCA, que podría abrir un capítulo de mayor incertidumbre para México y sus socios norteamericanos. Paralelamente, el renovado interés geopolítico de Estados Unidos en el hemisferio continúa siendo un elemento de riesgo, especialmente por la tensión militar que rodea la situación venezolana.
Para 2026, la calificadora anticipa un entorno global sin grandes sobresaltos en materia de crecimiento y precios de materias primas. Asimismo, las condiciones de financiamiento externo podrían volverse más favorables si la Reserva Federal estadounidense avanza con los recortes de tasas previstos.
En 2025, la región ya comenzó a sentir cierto alivio debido a una recolocación de inversiones fuera de activos estadounidenses, lo que ayudó a mejorar la disponibilidad de recursos.
Fitch señala que, incluso si surgiera un escenario menos benigno, varios países cuentan con amortiguadores importantes: balances externos relativamente equilibrados, regímenes cambiarios flexibles, reservas internacionales robustas y sectores bancarios resilientes. Estos elementos, considera, permitirían navegar momentos de mayor tensión.
En el ámbito interno, la ola electoral que vive la región no representa una amenaza severa para la estabilidad macroeconómica. No obstante, el proceso político podría complicar el avance de reformas estructurales orientadas a dinamizar el crecimiento y ordenar las finanzas públicas, un terreno donde muchos países aún muestran fragilidad.
Las limitaciones fiscales, recalca Fitch, continúan siendo un obstáculo para desplegar políticas contracíclicas y programas que impulsen la actividad económica.
Pese a estos desafíos, el balance de perspectivas crediticias en América Latina sigue siendo positivo: por cada calificación en perspectiva negativa, existen cinco con perspectiva favorable, lo que podría derivar en un cuarto año consecutivo de mejoras netas.