Por Leonel Ibarra - revistaeyn.com
Centroamérica comienza a posicionarse en el radar global como un destino emergente para la inversión de impacto, un segmento financiero que busca combinar rentabilidad con beneficios sociales y ambientales medibles.
De acuerdo con un estudio elaborado por INCAE Business School, la región ya gestiona aproximadamente US$420 millones en activos orientados a este tipo de inversiones, en un contexto global que supera los US$1.6 trillones y mantiene un crecimiento sostenido.
El informe, titulado “Hacia un ecosistema de inversión de impacto en Centroamérica: Situación y Recomendaciones para Costa Rica y Guatemala”, destaca que países como Costa Rica y Guatemala lideran este proceso, aunque desde enfoques distintos pero complementarios. Mientras el primero sobresale por su institucionalidad y avances en sostenibilidad, el segundo muestra dinamismo emprendedor e innovación en modelos de financiamiento.
La inversión de impacto, explica el documento de INCAE Business School, “se refiere a aquellas inversiones realizadas con la intención de generar, además de un retorno financiero, un impacto social y ambiental positivo, medible y verificable”. Este enfoque ha ganado terreno en América Latina, donde el mercado crece a tasas cercanas al 15 % anual, impulsado por sectores como la agricultura sostenible, la inclusión financiera y la energía limpia.
En el caso centroamericano, el ecosistema aún es incipiente, pero presenta señales alentadoras. La articulación de actores a través de iniciativas como la Plataforma de Inversión de Impacto Centroamericana ha permitido avances en la coordinación regional, aunque persisten retos en términos de escala, institucionalidad y acceso a instrumentos financieros adecuados.
El análisis de INCAE Business School subraya que Costa Rica ha logrado posicionarse como referente regional gracias a políticas públicas orientadas a la sostenibilidad, como los sistemas de pago por servicios ambientales y programas de carbono neutralidad.
Sin embargo, enfrenta limitaciones en la conexión entre estas políticas y el financiamiento de impacto. “Urge reducir la tramitología, que se ha convertido en un fin en sí mismo y genera desconfianza entre los sectores público y privado”, recoge el estudio a partir de entrevistas.
Por su parte, Guatemala presenta un ecosistema más flexible, con presencia de hubs tecnológicos, alianzas comunitarias y modelos innovadores como el financiamiento combinado o blended finance. Además, ha dado pasos relevantes con la creación de una taxonomía de finanzas sostenibles y la reducción de barreras para la creación de empresas.
Pese a estos avances, el documento advierte que uno de los principales desafíos en ambos países es la falta de vehículos financieros estructurados que operen a escala y con reglas claras. “Más que un problema de disponibilidad de capital, el desafío central es de arquitectura financiera e institucional”, señala el informe.
En este sentido, el rol del Estado resulta clave. El estudio plantea que los gobiernos deben actuar simultáneamente como reguladores, facilitadores y participantes activos para catalizar el ecosistema. Este enfoque permitiría atraer mayor inversión internacional y escalar soluciones a problemas estructurales como la pobreza, la informalidad y la baja productividad.
“El potencial está en articular capacidades, generar confianza y facilitar la canalización de recursos hacia soluciones con impacto medible”, concluye el estudio del INCAE Business School, que traza una hoja de ruta para convertir a Centroamérica en un destino competitivo dentro del creciente mercado global de inversión de impacto.