Por Leonel Ibarra - revistaeyn.com
La agencia Fitch Ratings confirmó la calificación de incumplimiento a largo plazo de El Salvador en ‘B-’ con perspectiva estable, una decisión que refleja avances en la consolidación fiscal y cierta estabilidad macroeconómica, pero también subraya riesgos estructurales vinculados a la deuda, el sistema de pensiones y la incertidumbre en torno al programa con el Fondo Monetario Internacional.
“La calificación de El Salvador se apoya en la reducción de las necesidades de financiación y el alivio de las restricciones financiadoras ancladas en un programa del FMI, la estabilidad macroeconómica anclada en la dolarización y un PIB per cápita superior al de sus homólogos”, señaló la agencia.
Sin embargo, advirtió que esta nota “está limitada por una alta deuda e intereses, una posición externa relativamente débil y una operación de deuda relacionada con pensiones en 2023”.
El informe destaca que la perspectiva estable responde a la expectativa de continuidad en el crecimiento económico y el ajuste fiscal. No obstante, factores externos como el alza en los precios del petróleo y la incertidumbre sobre la continuidad del acuerdo con el FMI podrían generar presiones adicionales en las finanzas públicas.
Uno de los puntos críticos es el retraso en las revisiones del programa de financiamiento con el organismo multilateral. Aunque el desempeño inicial fue positivo, aún están pendientes evaluaciones clave. Fitch atribuye este atraso principalmente a la falta de avances en la reforma de pensiones y a aspectos relacionados con el uso de bitcoin, más que a debilidades macroeconómicas.
En materia fiscal, la agencia resalta avances importantes. El sector público no financiero registró un superávit primario equivalente al 1,9 % del PIB en 2025, mientras que el déficit global se redujo al 2,9%, por debajo del promedio de países con calificación similar. Se espera que esta tendencia continúe en 2026, impulsada por mayores ingresos y control del gasto.
Sin embargo, la carga de la deuda sigue siendo elevada. Fitch proyecta que esta se reduzca gradualmente hasta el 87,4 % del PIB en 2026, aunque aún muy por encima de la mediana de países comparables. Además, el peso de los intereses continúa siendo un factor de presión, absorbiendo más del 18 % de los ingresos del Estado.
“La consolidación fiscal continuó en 2025, apoyando el perfil crediticio del soberano”, indicó Fitch, al tiempo que advirtió que “la asequibilidad de la deuda es una limitación clave”, especialmente ante el aumento previsto en los pagos de intereses a partir de 2027.
En el frente externo, el país enfrenta un déficit en cuenta corriente creciente, impulsado por altos costos de importación de energía. Aunque las remesas y el respaldo multilateral han contribuido a sostener las reservas internacionales, la economía salvadoreña sigue expuesta a choques externos.
De cara al mediano plazo, la combinación de disciplina fiscal, reformas estructurales pendientes y acceso a financiamiento será determinante para la evolución de la calificación soberana del país.