Por revistaeyn.com
La reputación del sector bancario costarricense se situó en 49,1 puntos del indicador RepScore en 2026, un nivel moderado que apenas se ha movido en tres años. En el mismo periodo, la banca latinoamericana mejoró 2,9 puntos. El resultado: Costa Rica ya no se diferencia de la media regional.
Así se desprende de RepCore Banca 2026, el análisis internacional de Reputation Lab basado en 27.602 valoraciones de consumidores en 19 mercados —2.200 de ellas en Costa Rica— sobre 137 entidades financieras, 11 de ellas activas en el país.
El diagnóstico del sector costarricense no muestra rasgos que lo distingan del regional, ni en sus fortalezas ni en sus debilidades. Los atributos mejor valorados por los consumidores son la trayectoria, el conocimiento del país, la igualdad y no discriminación en el trato a las personas.
Internacionalidad, agilidad operacional, transparencia y acceso al crédito se sitúan entre los atributos con mayor capacidad para construir reputación en Costa Rica y, al mismo tiempo, entre los que reciben peor valoración.
El estudio desmonta un supuesto extendido en la gestión de riesgos. Una filtración o robo de información es el riesgo con mayor impacto sobre la opinión de los consumidores costarricenses, señalado por el 48 %. Los escándalos o conductas inapropiadas de altos ejecutivos se quedan en el 23 %: menos de la mitad. El patrón se repite en los 19 mercados analizados, lo que sitúa la prioridad de inversión en ciberseguridad y gobierno del dato antes que en comunicación corporativa.
La lectura cobra más peso en un sector cuya relación con el cliente es ya mayoritariamente digital: el 77 % de los consumidores costarricenses prefiere operar con su banco por canales digitales, y la app concentra la mayor parte de esa relación.
Solo el 2,3 % de los consumidores costarricenses cree que los bancos no deberían destinar recursos a iniciativas sociales. Dicho de otro modo: prácticamente toda la población da por hecho que la inversión social forma parte de lo que se le exige a una entidad financiera, y Costa Rica lo exige por encima de la media regional en nueve de cada diez ámbitos evaluados.
El estudio también señala dónde. La educación financiera encabeza los territorios prioritarios, junto al apoyo al emprendimiento, el acceso a la vivienda asequible y los proyectos educativos.
“La reputación es un activo estratégico, y estos espacios permiten que nuestros estudiantes comprendan cómo las decisiones empresariales influyen en la credibilidad de las organizaciones”, expresó María Alejandra Binda, chair of Business & Economics de ULACIT.
Solo el 41,6 % de los consumidores costarricenses confía en que los bancos hagan un uso ético de la inteligencia artificial, un nivel claramente inferior al de la confianza en el uso de sus datos personales. La mayoría restante no se declara en contra: simplemente no tiene aún una opinión formada.
Recomendar un banco, contratar sus productos, invertir en él o concederle el beneficio de la duda están estrechamente vinculados a la reputación que genera. El análisis internacional permite cuantificarlo: una mejora de cinco puntos en el RepScore se asocia a un aumento de 5,8 puntos en la intención de recomendar.
El análisis internacional aporta una última lectura de fondo: la reputación de un banco no viene determinada por la del sector al que pertenece. Entre los 19 mercados evaluados conviven sectores bancarios con reputaciones sólidas y otros en el límite del nivel débil, y dentro de cada mercado se observan entidades muy bien valoradas junto a otras con reputaciones pobres.